“Todavía disfruto cuando manejo mis buses”

A la fuerza tuvo que reinventarse al sufrir las consecuencias del fin de las micros amarillas. Pero en su peor momento Buses Paine le abrió las puertas, de lo que estará eternamente agradecido y hoy ya mira con más tranquilidad el presente y el futuro. Para él está cada vez mas cerca su regreso a Ovalle para “retirarse” incursionando en el transporte de personal , un anhelo que tiene hace muchos años.

Herman Rodríguez tenía clara su hoja de ruta. A los 12 años ya estaba metido a fondo en el transporte ayudando a su papá que era transportista. Proyecto que a los 30 tendría consolidada una empresa y, diez años después, podría relajarse y delegar para vivir más tranquilo. Todo se iba cumpliendo sin contratiempos…hasta que llegó el TranSantiago y trastocó todo.
“Para los que teníamos micro amarillas fue un golpe fuerte. Al principio pensábamos que los pequeños empresarios podríamos quedar prestando algunos servicios, pero nos borraron del mapa”, recuerda.

Ovallino
Como en la mayoría de las historias del transporte, su vínculo con los fierros venía dado por la sangre.
Su padre, de igual nombre, partió con camiones en Ovalle, pero al tiempo decidió cambiar porque pasaba muy poco tiempo en la casa y compró unos buses que hacían el recorrido entre esta ciudad y Tulahuén, una localidad ubicada hacia la cordillera.
Al principio lo acompañaba en los largos viajes carreteros y después fue el ayudante en la micro, como “pioneta” y cobrador.
Al comparar ambos mundos, se decidió por los buses al momento de buscar su propio rumbo.
“Honestamente, nunca me gustaron mucho los camiones. La distancia. Pasas mucho tiempo lejos de la familia. Además, con las micros tienes un flujo constante y la plata al tiro. Por el otro lado, a veces no tienes carga y las facturas te las pagan muy a largo plazo”, enfatiza Herman.
Con el tiempo se instaló en Santiago donde en primera instancia administraba una máquina de su padre, pero al poco andar adquirió una por su cuenta luego de titularse de técnico mecánico.
Con la ventaja de poder mantener sus vehículos vio como la flota fue aumentando rápidamente hasta lograr 15 vehículos que hacían el recorrido Peñalolén-Estación Central, pasando por la Villa Francia. Una ruta brava, según recuerda, pero que era muy rentable.
“Además, con las micros amarillas no tenías límite de salidas. Trabajabas el día y la noche y también tenía mi taller completo, hasta con repuestos, y un surtidor de petróleo”, apunta este empresario.

TranSantiago
El cambio del sistema de transporte capitalino lo pilló mal parado. Con importantes deudas y sin un plan para reconvertir sus máquinas. A lo más pudo optar por vender algunas y arrendar otras para pagar sus compromisos.
También estaba la posibilidad de regresar a Ovalle, pero sus hijos estaban pequeños y priorizó la comodidad de la familia, por las ventajas que veía en la capital en cuanto a salud y educación, por sobre las dificultades que estaba enfrentando.
Pero el tiempo se alargo y el horizonte cada vez se ponía más negro. Estuvo casi cinco años tratando de enmendar el rumbo, hasta que salió una oportunidad de poner una máquina en el transporte rural.
“Solo puedo tener un enorme agradecimiento de Buses Paine que me abrió las puertas y me entregó la oportunidad de tener un cupo. Con el tiempo logré ordenarme, compre acciones y ya tengo tres máquinas operando acá”, enfatiza Herman Rodríguez.
A diario sus buses cubre la ruta entre Santiago y la zona de Aculeo y, si bien la mayor parte de su trabajo es administrativo, nunca ha dejado de vincularse con la operación de sus buses.
“Cuando tú sientes la máquina es otra cosa. Por eso regularmente tomo una micro y hago el recorrido. Voy alternándome con cada una de las tres que tengo acá y con otra que está trabajando en Ovalle. Es distinto un ruido que puede tener en el taller a lo que vas a sentir y escuchar en la ruta con gente arriba. Eso te permite saber en qué estado real está el vehículo y, lo más importante, anticiparte a los problemas haciendo una buena mantención”, acota.
En este proceso de cambio también descubrió la opción de Volare. De hecho toda su flota en Buses Paine es de esta marca.
“Me cautivaron porque son más grandes y más cómodas y eso la gente lo valora en los trayectos rurales. La carrocería es muy importante. En el tema motor también han andado bien, pero lo importante es estar pendiente todo el tiempo, evitando los problemas para que falle. Igual este tipo de recorridos es exigente. Hacemos 350 kilómetros diarios y cualquier fierro se reciente si no tiene la mantención adecuada. Y de eso me preocupo mucho”, explica.

Igual pero distinto
La experiencia administrativa que le entregó el tiempo que estuvo con las micros amarillas le facilitó el proceso de reinvención para levantarse nuevamente.
Pero también dice que tiene sus diferencias con el mundo del transporte rural. Primero que todo, el tipo de público que traslada ahora lo encuentra más respetuoso y, por ende, le favorece en el cuidado de las máquinas.
También es más restrictivo en cuanto a las operaciones, porque hay una programación que cumplir que lo limita un poco.
“Ahora estoy un poco más tranquilo también, pero no puedo dejar de reconocer que las amarillas me dieron mucho. Estaba 24/7, pero logré mi casa y di soporte a mi familia. Lo que querías lo podías hacer. Fue un tiempo bonito también”, argumenta este empresario.
Ese traspié vivido hace unos años le enseñó a diversificar sus negocios y está buscando la opción de aumentar su flota, pero en otros recorridos, porque en Buses Paine es más complejo encontrar cupos.
Sobre la ruta que se trazó en un comienzo no se ha olvidado, sólo ha postergado un poco los tiempos.
Estima que estará a lo más otros diez años cimentando esta base, que es lo debería tomar para que su hijo más pequeño, Vicente, termine los estudios.
El destino dirá si junto a Javier y Sebastián, sus otros hijos, toman las riendas de la empresa. Por ahora, han mostrado interés, especialmente Sebastián, quien lo acompañó en la entrevista y quien ha manifestado una mayor pasión por los fierros. Los otros dos van más por el lado administrativo.
Sea cual sea la decisión final, el requisito que pone su padre es que terminen los estudios. Solo después de eso se verá el futuro de la empresa. Si se liquida en Santiago o ellos continúan a cargo.
Para Herman el objetivo en el mediano plazo es volver a su natal Ovalle y seguir trabajando con buses, pero con menos exigencias y dolores de cabeza.
Su objetivo es dar un pequeño giro en el rumbo. La intención es laborar en el traslado de personal en la región de Coquimbo.
“Tengo amigos de la infancia que trabajan en ese sector. Lo bueno es que tienes pega todo el año, porque están las viñas, las paltas, los limones. Siempre hay gente que estar trasladando, con la ventaja que haces un viaje en la mañana y otro en la tarde y las máquinas tienen menos deterioro”, detalla, al tiempo que reflexiona: “quizás me voy a demorar más de lo que pensaba. No niego que ha sido complicado y he tenido de dulce y agraz, pero esto es lo que me gusta y la experiencia me ha servido para ir dando los pasos con más calma y con mayor claridad”, concluye.
Tareas aún le quedan pendiente en Santiago, pero siente que pronto entrará a tierra derecha para cumplir el anhelo de volver a su querido Ovalle.